jueves, 5 de junio de 2014

BAILAR CON LA LUZ



El vestuario es un elemento dinámico. No sé si sonará a reflexión banal, pero las prendas con las que nos vestimos tienen movimiento, son como una capa más de nuestra piel. Por eso una constante obsesión para mi es la calidad de los tejidos. Un vestido no solamente es una composición plástica, es casi un ser vivo. Con sus arrugas, pliegues y costuras. Fluctúa al caminar de forma acompasada con el cuerpo, respira e incluso vuela. Para mí, uno de los criterios fundamentales al adquirir una prenda es su movimiento. Por eso me gusta este vestido, porque me deja bailar.

En una sutil muselina y estampado etéreo, su sencillo patrón casi infantil de corte imperio resulta tan romántico y enpolvado que incita a la danza, entre discretas trasparencias y luz azul. 






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